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Banquete

Hace mucho que alimentamos este prohibido deseo comiéndonos con los ojos.

Por encima de la mesa saciamos un instinto básico. ¿Por debajo del mantel nos atreveríamos mucho más?

Bebida, comida, amigos. Jugamos el hedonístico ritual.

Sé que me observas. Por eso me abandono al placer de mi fijación oral, con una fálica cuchara que entra y sale de mi boca, depositando en ella un sabor marino que se me enrosca en la lengua.

Sabes que te miro. Que admiro tu boca desgarrando el jugoso corte de carne como si fueran mis adentros. Como si fuera mi cuerpo cálido, palpitante y dispuesto.

Te sabes mi secreto, yo soy tu platillo principal.

Una gota de blanco vino se desliza desde mis labios hasta mi pecho y me estremezco al imaginar mis senos cubiertos de tu amargo y perlado líquido.

Adivino tu creciente tortura. Masticas con voracidad. Mis caderas comienzan a marcar un ritmo casi imperceptible.

Tus piernas rozan indiscretas las mías, mis dedos buscan instintivamente tus manos...
..
...
....

Una voz despreocupada sale de entre el grupo:

- ¿Terminaron? Ya pedimos la cuenta...

Inocentemente pregunta. Terrible interrupción.

Aún no estamos listos para el postre.

Luz roja

Nocturna clase de oscuridad obligada. Pasillos escolares, solitarios testigos de mi fugaz desnudez y de tus incesantes ganas. Estrecho espacio fotográfico convertido en refugio para saciarlas.

Alhuros de plata adhiriéndose a un papel lustroso mientras tus manos desesperadas se funden en mi piel. Vino tinto lumínico que baña mis piernas entreabiertas convirtiendo en chocolate amargo la punta de mis pechos. Maridaje perfecto para tu paladar gustoso.

'Te deseo'. Te repito a media voz lo que ya sabes, mientras tus dedos nadan en la líquida luna que fluye de mi vértice.

'Te deseo'. Me dices con voz gutural mientras mis labios te devoran con la intención de provocar la inminente erupción.

Acercándose, pasos lejanos de posibles delatores, que sólo logran que la lúbrica sensación de peligro se incremente.

'Levántate', ordenas. Mis ojos se clavan en tu lasciva mirada. Ya no hay marcha atrás. Me doblas a tu antojo, y mis gemidos en crescendo te obligan a taparme bruscamente la boca, al tiempo que con fuerza, tus dedos crueles se enredan en mi cabello.

Rendida ante ti, como tantas veces dijiste que estaría. Te sabes poderoso, dueño de mi, más que nunca.

Me llenas por completo, sacudes mi mundo, me marcas por siempre.

Terminas en cascada. Dos segundos después tocan a la puerta sin cerrojo. Sólo atino a abrochar dos botones de mi blusa. Tu olor inunda el ambiente.

'Ya es tarde', dice con una mezcla de sorna y complicidad el súbito vigilante. Un destello de lujuria se evidencía en su mirada. Lo sabe, casi lo paladea.

Nos deja ir.

Oníricamente tuya

Esperó a que su característico sol sometiera a mi eterna luna. La camioneta se comía la carretera a paso veloz mientras la mañana comenzaba a despuntar. Mis ojos cedieron ante el cansancio, caí dormida y sin avisar, irrumpió contundente en mi sueño.

Decadente fiesta. Vestidos de etiqueta,
con el alcohol lubricándonos las venas y la lujuria mojándonos los centros. Era él, sin serlo. La actitud distinta, elegante seductor, cazador seguro de su presa, invadía mi espacio amenazante. Sabedor de su efecto, jugueteaba con mis ansias dejando al descubierto las suyas.

Un negro vestidito con profundo escote, que
casi no lograba contener mis senos ansiosos de sus besos, atrajo su mirada más intensa, que indiscreta se recreaba con mi piel.

-
"Tienes un cigarro?"

Mi cabeza afirmó trémula.

-"Acompáñame a fumar"

Sin esperar respuesta
tomó mi mano, me guió entre una multitud de cuerpos sudorosos, etílicamente húmedos... el aire frío de una noche sin estrellas fundió la sedosa tela a mi cuerpo, como presagio de las caricias que sus manos prometían.

Súbitamente, sin mediar palabra y con un movimiento felino, me acorraló a un lado de las amplias escaleras. Los dedos de una mano
se deslizaron por debajo de mi falda, aprisionaron mis muslos y reptaron por mis caderas, haciendo a un lado la frágil barrera de encaje negro que me cubría.

Su boca sangró mis labios al tiempo que su otra mano torturaba mi cuello, desgranando mi collar.
Mi punto débil por excelencia. Liberó mis pechos y con frucción los lamió, saboreándolos como un animal hambriento.

Entró violentamente, rompiéndome en mil pedazos, a un ritmo frenético, primitivo. No le preocupó ahogar mis gemidos desfallecientes y sus embestidas fueron más poderosas cada vez que su nombre escapaba de mi garganta. No dejó un pedazo de mi ser sin conocer.

Una y otra vez, sin piedad.

Llena de él.
Saturada de él. Su esencia deslizándose por mi piel.

FADE OUT

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