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You are mine

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Everybody is someone else's secret...
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Im yours?

...que me lees religiosamente.
Que mis desvaríos de madrugada te encienden con furia los pensamientos.
Que descargas tus ganas en otro cuerpo mientras tu fantasía se alimenta de mi.


...que te reconoces en mis líneas.
Que te atormenta ver expuestos tus deseos, esos que con tanto empeño intentas esconder.
Del cálido e inoportuno crecimiento que experimentas cada vez que recuerdas el tacto de mi piel.


...también de los celos que te arrebatan.
Del veneno corrosivo que se apodera de tu ego cuando descubres que mis letras no hablan de ti.
Cuando describo fragmentos de otras historias, de otros cielos y otras noches a las que pertenecí.


...que no lo harás, pero te reto.
Si te atreves, contesta.
¿Qué demonios sabes tú de mí?


B/W

Acepté tu propuesta.

Posar para ti, ayudarte en la encomienda. Desnudarme con la certeza de que tus fines son puramente artísticos por convicción.

Tantas veces rechazada la iniciativa, hoy crees mentira mi afirmación.

Pero aquí estoy.

Encaramada en el altar que preparaste, me pierdo entre los níveos remolinos del amplio lecho.

Despacio, sin prisas, me despojo de la tela que me arropa y con mi desnudez me inunda el tácito poder de saberme indefensa.

Junto con las prendas se van mis restricciones.

Click. A través del lente empieza la metamorfosis, y mientras tu indiscreta extensión ocular me registra, transformas mi piel en playa.

Obsesivo lector de mi cuerpo, me acaricias con destellos cegadores.

Click. Efìmera proyección de mi cuerpo seccionado, editado a tu gusto y medida, mi ser formado por tus preferencias anatómicas.

Te recreas en los terrenos de lo prohibido, capturas la esencia de lo que soy.

Click. El trago de vodka que me acompaña en la aventura comienza a hacer efecto, sedándome la conciencia, borrándome el pudor.

De espaldas, volteo a verte dándote un atisbo del perfil de mi seno derecho.

No me sostienes la mirada, tu rostro ferviente dice todo y más. La imposibilidad de hacerme tuya, teniéndome a tu merced, te tortura y te deleita por igual.

El hipnótico sonido del disparador de tu cámara deja de sonar.

Amigo de tantos años, te me acercas con otra faz. Desconozco tu mirada, porque reconozco en ella algo que no tiene que ver con nuestra antigua complicidad.

Tomas mi rostro entre tus manos.

Suspiro.

Es mucho lo que habríamos de arriesgar.

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