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Ya no.
Tú no.
Desintoxicándome

Beso tus ojos con la esperanza de evitar que se humedezcan,
intentando borrar el rastro mojado que esa desesperanza deja en tu rostro.

Quiero lamerte hasta eliminar la sal que atiza tu herida.
¿Cómo puedo curar tu dolor?

No soy nada en tu vida, y sin embargo, tú me significas todo.



AIRE

Estacionas el auto en la calle vacía.
La hora más oscura nos cobija.
Tus ojos sobre mi. Mi mirada en tus labios.

Te deseo.

El reducido espacio invita a intimar.
Pero nos hemos vedado el contacto físico.
Una culpa menos. Un castigo más.

Te abrazo.

Nuestros centros convenientemente lejos.
Nuestros latidos peligrosamente cerca.
La tensión a punto de explotar.

Suspiras.

Tu boca a un milímetro de mi cuello.
Mi respiración en tu oído.
El aire comienza a escasear.

Como un imán.

Dedos que acarician sin tocar.
Manos que arañan la nada.
Jadeamos sin podernos controlar.

Tortura.

Con los gemidos sincronizados.
Follamos con cada aliento.
Inhalar, exhalar.

Te ganan las ganas.

Tu mano busca con desesperación mis caderas.
Mis dedos recorren cada rincón de tu pecho.
La piel nos traiciona.

A un segundo de pecar.

El hechizo se rompe.
El miedo te hace presa.
Amante del aire.

Te esfumas sin más.

Me cansé...

De extrañarte.
De las respuestas esquivas.
De fingir para evitar tu miedo.
De tus ganas reprimidas.

Me cansé y decidí que no me importa si lo sabes o lo ignoras.

Hoy libero mis noches de tu fantasma que ya no me satisface.

Hoy te dejo ir.

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